Veo, mirando al agua
Alberto Azcárate, Noja 2010
No te bañarás dos veces en el mismo río, sentenció Heráclito. Con lo cual, al tiempo que afirmaba la imposibilidad de la repetición del instante, confería al agua una variabilidad formal superlativa de la que devienen infinitas posibilidades de expresión. Ambas nociones del filósofo de Éfeso hilvanan esta colección.
El esencial elemento -según los griegos, uno de los cuatro constitutivos del universo- es explícita unidad temática de la muestra “Veo, mirando al agua.” Su elección podría parecer una apuesta en exceso arriesgada; sin embargo, un tema tan simple, elemental, unitario, acaba revelándose fundacional y proteico. Al tornar manifiestas sus posibilidades combinatorias y diferenciales se desvelan los múltiples recursos expresivos de la propia naturaleza del motivo elegido, haciendo que cada uno de los trabajos constituya un acontecimiento único e irrepetible.
Así, desfilan y se entremezclan olas, remolinos, corrientes encontradas, abismos, meandros, profundidades, reflejos, destellos y un sinfín de micro episodios acuáticos que, como en un pase de magia, de ser -por definición- fugaces e inasibles pasan a tener manifestación y evidencia corpórea. Parafraseando al Borges de “Tlön, Ukbar, Orbis Tertius” -la fantástica ciudad de torres de sangre y tigres transparentes que su ingenio prefigurara-, Hugo Wirz crea olas sólidamente cristalizadas, corrientes punzantes que se abren paso en un magma acuático y orgánico, o se entremezclan en sutiles y elaborados pliegues superpuestos en el papel. Detiene y congela el tiempo en el que esas fuerzas -que se manifiestan a los sentidos como transparencias aleatorias- acaban adquiriendo tangibilidad física.
Despliega el universo acuático en toda su plenitud, tornando visible la profusión de mutaciones de su materialidad y desvela las fuerzas que en él operan. Por otra parte, salvo en el singular “Ondine”, en el que se incluye una sutil alusión (casi invisible) al icono de la mitología alemana, no se encontrará en esta colección cualquier referencia a la condición humana, ni a las referencias culturales y estilísticas que de ella devienen; no hay rastros de antropocentrismo. Muy por el contrario, el agua es el principio y el fin de todo, inventariar su anatomía es la exclusiva obsesión del artista. Podría afirmarse que su pasión y fidelidad para con el tema, le han llevado a una observación tan profunda de sus posibilidades expresivas, que -al ponerse a su servicio sin interferencias de cualquier otro orden- ha acabado por apropiarse enteramente de ellas.